Blog · Cuello y espalda
No necesitas una silla carísima ni una postura perfecta. Necesitas un puesto que te deje moverte y un cuello preparado para tu jornada.
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Son las seis de la tarde, llevas horas delante de la pantalla y notas el cuello como un bloque. Los hombros, subidos hacia las orejas. A veces, un dolor de cabeza que empieza en la nuca. Y al día siguiente, vuelta a empezar.
Es uno de los motivos de consulta que más vemos en la clínica, sobre todo en personas que trabajan sentadas. La buena noticia es que hay cambios sencillos en tu puesto que suelen marcar la diferencia. La no tan buena: ninguno funciona del todo si tu cuello no está preparado para aguantar tu jornada. Vamos con las dos cosas.
Tu cabeza pesa unos cuantos kilos, y la musculatura del cuello y de la parte alta de la espalda se encarga de sostenerla durante todo el día. Cuando miras la pantalla con la cabeza adelantada, esos músculos tienen que trabajar más para mantenerla en su sitio.
Pero el problema no suele ser una postura concreta, sino pasar muchas horas en la misma sin cambiar. Un músculo que trabaja de forma sostenida y sin descanso se fatiga, se vuelve más sensible y empieza a protestar. Si a eso le sumas el estrés, las prisas, dormir mal o moverte poco fuera del trabajo, tienes todos los ingredientes.
No existe la postura perfecta. Existe la postura que mantienes demasiado tiempo. Por eso solemos decir que la mejor postura es la siguiente: la que adoptas cuando cambias de la que tenías.
Si el dolor aparece después de un golpe o un accidente de tráfico, si baja por el brazo con hormigueo, adormecimiento o pérdida de fuerza en la mano, si se acompaña de mareos, alteraciones de la vista o dificultad para tragar, si tienes fiebre o pierdes peso sin motivo, si te despierta por la noche y no cambia con la postura, o si notas un dolor de cabeza muy intenso y repentino, distinto a los habituales, no lo des por una cervicalgia de oficina: consulta antes con un médico.
Si la pantalla está baja, la cabeza se va hacia delante y hacia abajo sin que te des cuenta. Colócala de forma que el borde superior quede más o menos a la altura de tus ojos y a una distancia parecida a la de tu brazo extendido.
Buena parte de la tensión cervical viene, en realidad, de los hombros. Si el teclado está alto o lejos, o los brazos van sin apoyo, la musculatura que une el cuello con los hombros se pasa la jornada sosteniéndolos.
No hace falta invertir en una silla carísima. Lo importante es que la que tienes se pueda regular y que te resulte cómoda.
Sujetar el teléfono entre la oreja y el hombro mientras escribes es de las posiciones más exigentes que le puedes pedir al cuello, y en algunos puestos se repite muchas veces al día. Si haces muchas llamadas, usa auriculares o el altavoz.
Y en los descansos, ojo con el móvil: si pasas la pausa con la cabeza agachada sobre la pantalla, el cuello no descansa. Aprovecha para levantarte y caminar un poco.
Puedes tener el puesto perfectamente ajustado y seguir con molestias si pasas horas sin moverte. Por eso este es el cambio que más pesa:
Además de ajustar el puesto, hay movimientos sencillos que puedes hacer en la propia silla. No deberían doler: si alguno te provoca dolor intenso o te da síntomas en el brazo, déjalo y coméntalo en la valoración.
Ajustar el puesto reduce la carga que recibe tu cuello. Pero hay otra mitad de la ecuación: la capacidad que tiene tu cuello para aguantar esa carga. Un cuello y una espalda alta con poca fuerza y poca resistencia se fatigan antes, por bien colocada que esté la pantalla.
Por eso, en el dolor cervical que se repite, el ejercicio pautado y progresivo es el pilar del tratamiento. Fortalecer la musculatura profunda del cuello y la que estabiliza los omóplatos, con una carga que va subiendo según cómo respondes, es lo que ayuda a que tu cuello tolere mejor tu jornada. Lo explicamos con más detalle en nuestra página de readaptación funcional.
Y lo que haces fuera de la oficina también cuenta: moverte, descansar bien y gestionar el estrés influyen en lo sensible que está tu cuello.

Cada caso es distinto, así que el plan se decide después de valorarte. Estas son las herramientas con las que solemos trabajar:
Ninguna de estas técnicas sustituye al ejercicio: sirven para que el ejercicio sea posible y para acompañar el proceso, no para saltárselo.
El dolor cervical de oficina es muy frecuente, pero eso no significa que tengas que asumirlo como el precio de trabajar sentado. Muchas veces la diferencia está en combinar un puesto que te deje moverte con un cuello mejor preparado para tu jornada.
Si llevas tiempo con el cuello cargado, o ya has probado varias cosas sin resultado, lo sensato es una valoración. Y si trabajas en Nervión, te contamos cómo encajamos las citas con la jornada de oficina.
· Puedes comprobar que quien te trata es fisioterapeuta colegiado en el censo público del Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España.
No. Lo que más carga el cuello es mantener cualquier postura durante mucho tiempo. Un puesto bien ajustado ayuda, pero lo más importante es cambiar de posición a menudo y levantarte de vez en cuando.
No es imprescindible. Lo importante es que la silla se pueda regular para que apoyes bien los pies y la espalda y los codos queden a la altura de la mesa. Ninguna silla compensa pasar horas sin moverte.
Por lo general, que la articulación suene al moverla no indica que haya un daño. Si el chasquido se acompaña de dolor, de sensación de bloqueo o de síntomas en el brazo, conviene que lo valoremos.
No hace falta. En la valoración exploramos el cuello y, si lo vemos necesario, usamos la ecografía en la propia consulta. Si sospechamos que el dolor tiene otro origen o aparece alguna señal de alarma, te derivaremos a tu médico.
Depende del tiempo que lleve el problema, de tu trabajo y de cómo respondas al tratamiento: hay quien nota cambios desde el principio y quien necesita más tiempo, y eso no significa que vaya peor. Por eso no damos cifras de entrada: vamos reevaluando y ajustando el plan según tu evolución.
Pide tu valoración inicial. Sin compromiso, con toda nuestra atención puesta en ti.
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